«NADIE DABA UN DURO POR MÍ Y TENGO LA SUERTE DE HABER PODIDO TERMINAR TRABAJANDO DE ALGO QUE NUNCA IMAGINÉ, Y QUE ME ENCANTA»


 RAQUEL GÓMEZ | 5 de abril, 2021


El entrevistado de hoy era uno de esos alumnos que nunca tuvieron claro a lo que querían dedicarse y al que los profesores siempre le insistieron en que, de seguir así, no iba a llegar a nada. Terminó sacándose la ESO y, tras ayudar a su padre en el negocio familiar y a su tío como albañil, Cley, el que es hoy todavía su jefe, le dio la oportunidad de explotar un dote que él desconocía. Adrián o Adrichan, como se llama en su cuenta de Instagram, lleva cinco años tatuando en un estudio del centro de Bilbao y a día de hoy es el único especializado en anime del bocho. 

Es la primera entrevista en la que no tengo nada preparado, he de decir. 

Pues empezamos bien.

Ya te digo. Pero, cuéntame. ¿Cómo pasaste de ser mal estudiante a de repente trabajar de algo que disfrutas tanto haciendo?

Creo que básicamente ha sido suerte, no voy a negarlo. Tras terminar la ESO digamos que estuve bastante tiempo de nini (se ríe). Bueno, ayudaba a mi padre en el negocio familiar unas horas por la tarde para que él pudiera descansar porque trabajaba muchas horas. También de vez en cuando había temporadas de dos semanas o de un mes en las que iba a ayudar a mi tío, que es albañil, cuando alguno de sus empleados estaba de vacaciones. 

¿Y luego?

Pues una de las veces que terminé de trabajar con mi tío, en diciembre de 2015 para ser exactos, Cley, que es mi jefe a día de hoy, puso un anuncio de que necesitaba una persona. En principio pedía a una chica por el tema de los desnudos de que él tenía que trabajar con gente que se tenía que quitar la ropa y al final las chicas digamos que tenéis más tacto a la hora de entrar en contacto con cualquier persona. Pero resulta que finalmente cambió el anuncio y puso que no le importaba si era chico o chica, entonces yo, que le conocía y tenía confianza con él le dije que a ver si no le importaba que trabajara con él. Y hasta hoy.

Pero tú nunca habías trabajado de ello.

Qué va, qué va. Ni de eso, ni de nada (se ríe). Yo nunca había estado cara al público, no sabía nada. Empecé de cero. Él me enseñó todo lo que sé. De hecho nunca pensé que fuera a terminar donde estoy. Empecé con él porque él necesitaba que alguien le llevara la agenda, atendiera a la gente, limpiara la tienda, digamos que hacer un poco especie de mánager del estudio y que él se desentendiera de todo lo que no fuera tatuar. No tenía en mente ni dibujar, ni tatuar, ni nada; cero. 

Pero por mucho que te enseñen la técnica de tatuar...los tatuajes que tú haces a día de hoy no creo que cualquiera sea capaz de hacerlos. Quizá era un talento que tenías dentro y no sabías que lo tenías, ¿no? O que nadie te había dado la oportunidad de explotarlo hasta entonces. 

Siempre, desde pequeño, me había gustado mucho dibujar y mucha gente me decía que dibujaba bien, de hecho en el instituto donde destacaba un poco más era en Plástica, por decir que destacaba en alguna asignatura (se ríe). No, ahora en serio. Digamos que no se me daba mal, pero aunque mucha gente diga que lo de tatuar es un don, yo creo que no es así. En mi opinión al final es meter horas y horas y quizá a mí en este caso me cueste menos tiempo que a otra persona porque es algo que me gusta. Al final es ponerse con algo que te guste. En el instituto yo no me ponía pero es que simplemente el hecho de ponerme me echaba para atrás, no podía. En cambio dibujando, puedo. Me siento y puedo estar horas y horas estudiando. 

Y cuando viste la oferta de Cley, ¿te imaginabas estar como estás ahora?

¡Qué va, para nada! En absoluto. 

Y ahora que sabes que estás como estás ahora, si echaras atrás unos años, ¿habrías estudiado algo relacionado con el dibujo? 

Sí, me hubiera gustado. Pero claro, ahora tengo una visión totalmente diferente, conozco a mucha gente que ha estudiado cosas relacionadas con arte y cuando empiezan a tatuar sus trabajos son totalmente diferentes. Pero sí, claro. Por lo menos tener una base y saber por dónde tirar y poder decir pues oye mira, tengo esto. 

¿Has pensado en un futuro en montar tu propio estudio?

Sí, claro. Yo creo que al final toda persona a la que le gusta su trabajo sueña con montarse su propio estudio, su propia empresa, ya sea tatuador u otra cosa. Y en mi caso obviamente sí, claro. De aquí a mucho tiempo pero sí, claro, por qué no. Siempre y cuando se dé la oportunidad, yo encantado. Al final digamos que cuando lo tienes quien entra entra a verte a ti, a ver lo que tú has hecho y lo que es tuyo, yo ahora estoy trabajando con Cley y estoy muy a gusto, pero es su tienda, está a su gusto, nos escucha y nos pregunta mucho sobre todo para el tema de la decoración o cómo poner esto o lo otro, pero no deja de ser suyo. 

Has dicho que os pregunta. ¿Cuántos sois?

Cuatro. Ahora mismo está Cley, que es el jefe como te he dicho, su padre, que lleva cuarenta y siete años tatuando y que es en realidad quien le enseñó a él, Dani, que es el aprendiz nuevo de tan sólo diecinueve años, y yo. 

¿De dónde viene lo de chan? ¿Tiene que ver con todo el tema de anime también?

Fue cosa de Cley. A él también le gusta mucho ver anime y un día se le ocurrió llamarme Adrichan y así se quedó. El chan en anime es como maestro si no me equivoco, es algo como de afecto. Se le ocurrió a él un poco por encima y la verdad es que me gustó. 

Vamos que el estudio se llamará Adrichan Tattoo.

No porque siempre que veo que los estudios se llaman de la misma manera que el tatuador, no es que no me guste, pero no da juego a que otra gente se desarrolle de la misma manera. No sé cómo explicarlo pero es una sensación rara. 

Vuestro estudio lleva el nombre de Cley...

Ya, y nunca me ha gustado que salga ni su nombre ni el nombre de otros tatuadores en otros estudios. 

Se va a enfadar entonces si lo lee...

No, no. No se enfada porque tengo mucha confianza con él. Además se lo dije, le propuse en su día cambiar el logo y el nombre, de hecho. Hablo mucho con él, no es el típico jefe que hace lo que tenga que hacer y no le importa lo que digan los demás. Él escucha siempre, y si considera que alguna idea de cualquiera de los tres es importante para la empresa, la lleva a cabo sin problema. Podemos bromear con él, él bromea con nosotros, no hay relación de jefe-empleado al uso, para que se entienda. 

Veo que tu Instagram está lleno de tatuajes de anime, que sé que es tu especialidad pero supongo que haces de todo, ¿no?

Sí, claro. Lo que pasa es que siempre intento que la gente vea lo que me interesa, al final quieras que no ese es mi escaparate, entonces si yo vendo en mi escaparate eso, la gente me va a buscar por eso. Pero obviamente hago de todo, sí. 

Quizá alguien que quiera tatuarse algo que no sea anime busque en tu Instagram ejemplos y, al no encontrarlos, busca otra cuenta. 

Claro, pero nosotros lo que estamos intentando hacer es que cada uno en la tienda tenga un poco su estilo. Imagínate que te quieres hacer un mandala o cualquier otra cosa, la gente al final busca un especialista en eso. Yo sé perfectamente que yo no voy a dar el mismo resultado de trabajo si quiero hacer un brazo entero negro que si quiero hacer un anime, y no es porque no sepa hacerlo, sino porque simplemente las ganas que le pones a algo que te gusta ya son diferentes. Es inevitable, por lo menos para mí. Y sobre todo a la hora de tener que estar muchas horas delante de un proyecto que requiere tanto esfuerzo y tanta dedicación. 

¿Cuántas horas es lo máximo que has estado tatuando seguidas?

Seguidas si no me equivoco han sido nueve.

¿Nueve horas sin parar?

Sí. Bueno, paramos para comer o para hacer un pis o lo que sea pero sí, seguidas. 

Nueve horas y no una sola sesión, claro.

Normalmente los proyectos de anime son de unas seis o siete horas seguidas en el día, en una sola sesión. Siempre que puedo intento hacerlo en una sola sesión, aunque alguna vez he tenido que hacerlo en más. 

¿Y las máximas sesiones que has necesitado para un mismo trabajo?

Unas siete, yo creo. Un brazo entero. Encima el cliente no ayudaba mucho, un poquito quejica, pero le tengo mucho aprecio por si lo lee (se ríe). No, de verdad. Le tengo mucho aprecio pero él tenía sus cosas, no aguantaba muy bien el dolor y nos tomamos la libertad de parar cuando queríamos. Igual en una sesión estábamos tres horas y en la siguiente estábamos siete porque aguantaba bien. 

Claro, eso también hará mucho, ¿no? Habrá de todo. 

Claro, claro. He tenido clientes que de maravilla y hemos terminado a las siete horas precisamente por eso. Y otros que igual el proyecto era mucho más pequeño pero he tardado otras siete horas porque no paraba o porque le dolía. 

Qué mal, ¿no? ¿Y si se mueve? 

Pues no te queda otra que ponerte un poco serio y decirle que es algo que va a ser para toda la vida. Yo de verdad que no quiero ser borde ni nada pero normalmente tienes conversaciones así y lo entienden perfectamente. 

¿Y te ha pasado de alguien que diga no puedo seguir?

Sí, el chico que te he comentado.

Pero al final lo terminó, ¿no?

Sí, pero él decía que no podía más, que no aguantaba. 

¿Pero de decir que no podía más y que no volviera, te ha pasado alguna vez, tener que dejar el tatuaje sin acabar?

No, porque algo que es muy curioso es que por mucho que sufran siempre terminan volviendo, no sé qué tiene la tinta que el dolor se te olvida. Por mucho que hayas sufrido sienten que quieren más, y vuelven. 

Yo de color no tengo ninguno pero dicen que duele más. ¿Es un bulo?

No es que sea un bulo, piensa que el color al final lleva muchas más capas y la técnica es diferente, entonces todo cambia. No es como el negro, que lo haces y ya está, vas con el negro y no tienes que volver. Con el color, en cambio, vas con la línea, después con las sombras y después vienes con el color, y seguido con el blanco, entonces piensa que todo ese proceso desde la línea que metes en la primera hora hasta el blanco que lo metes siete horas después, piensa que esa piel ya está curtida. No es que duela más, sino que con el paso de las horas también hace que esa zona esté más sensible. 

¿Cuál es el tatuaje que más te ha costado hacer? Ya sea por la persona, por la dificultad del tatuaje, de la zona o por lo que sea. 

Hombre a ver, tengo muchos. Pero sobre todo el primero que hice, yo creo que fue el que más me costó. Estaba muy nervioso, no era capaz de pinchar. Sentía miedo, me daba mucho apuro, no quería hacer daño al cliente, era un cúmulo de cosas que no sabía cómo gestionar. Además recuerdo que cuando empecé, era terminar cualquier tatuaje e ire a casa con un dolor de cabeza terrible de la presión. 

¿Qué fue?

Un maorí, que a día de hoy lo veo y bueno, me siento orgulloso de haberlo hecho pero tampoco es algo que vaya enseñando por ahí. El resultado deja bastante que desear pero es el primero, tampoco podía pedir mucho más. 

¿Sientes más presión cuando tienes que tatuar a gente conocida?

Antes sí. Además me acuerdo que cuando empecé sobre todo. La gente que me conocía pues al final me decía que quería que se lo hiciera yo porque estaba empezando o por lo que fuera. Siempre que venía algún conocido le decía a Cley que los hiciera él, lo evitaba porque me ponía muy nervioso. La presión de que quedara perfecto era lo que me hacía decir que no. Y obviamente no me podía quedar perfecto porque estaba aprendiendo, era algo natural y normal. Pero no, a día de hoy ya tengo una base y sobre esa base voy trabajando, voy probando. Puedo estar más contento o más a disgusto pero más o menos me mantengo en la línea. 

Pero aún así, si alguien a quien conozcas y no hayas tatuado a día de hoy te dice que le tatúes el brazo entero, por ejemplo, ¿sientes más presión que con una persona que no conoces?

Hombre claro, sí. Lo que pasa es que voy más tranquilo que al principio, al final tengo la presión de que tiene que quedar bien porque quiero que quede como tengo en la cabeza y todo perfecto pero no sé cómo decirlo, he dejado de pensar en eso, en el momento que me pongo a trabajar no pienso si es conocido, intento no hacerlo. Me ha pasado mucho pero cada vez menos. 

Y la pandemia, ¿cómo os ha afectado?

Pues yo estuve algo más de tres meses de ERTE, Cley estuvo un poco menos, cuando se podían abrir los comercios con cita previa empezó él solo. Aproveché esos meses para dibujar, pintar lienzos, me dio por la curiosidad de empezar técnicas nuevas, pinté bastantes láminas, estudié un poco, me compré algún curso por internet pero lo que es tatuar me tiré tres meses sin hacerlo y luego la vuelta fue un poco traumática, la verdad. 

¿Por qué?

Porque al final te tiras más de tres meses sin coger una máquina, ya de por sí después del verano que estamos un mes se hace raro, pues imagínate después de más de tres. Yo lo comparo con andar en bici, que al final tienes el equilibrio pero tienes que coger un poco el hábito y cuesta un poco. 

¿Se notó mucho luego que a la gente le costó volver por miedo o por las medidas de higiene?

Yo creo que la gente ha tenido demasiado tiempo para pensar y para darse cuenta que muchas cosas que siempre habían querido hacer, era el momento de hacerlas. Esta temporada es la vez que más hemos escuchado a gente que viene y nos dice que siempre había querido hacerse un tatuaje pero que nunca se había atrevido. 

Vamos, que en cierto modo os ha venido hasta bien. Entre comillas, claro. 

Bueno, a ver, bien. Sí, entre comillas como a todo el mundo, tenemos trabajo y no nos podemos quejar. Yo creo que la gente tiene miedo pero al final en cuanto ven las medidas higiénicas que tenemos en el estudio, sienten confianza. La nuestras como las de cualquier estudio, obviamente. Siempre y cuando tenga un nivel. Dan confianza porque a nosotros nos pasa Sanidad, nos vigila que todos los materiales estén perfectos, que nada esté caducado, que todo esté en regla. Digamos que casi comparado como con un hospital, para que se me entienda. Todo bien tapado, nada de contaminación cruzada. Al final la gente que nos conoce sabe cómo trabajamos y eso es lo importante. 

¿Y cómo es trabajar con mascarilla nueve horas sin parar?

Pues fíjate, Sanidad cuando tú haces el curso higiénico-sanitario te pide que lleves una especie de EPI y mascarilla durante todo el proceso del tatuaje, y entonces nosotros antes de la pandemia, si por ejemplo hacíamos un tatuaje en el pecho, intentábamos ponernos la mascarilla. Teníamos el privilegio de decidir no hacerlo si no queríamos, pero muchas de las veces sí que lo hacíamos. Así que en ese sentido no lo hemos notado demasiado, lo notamos más en el trato con el cliente. 

¿Pero para tatuar en el pecho os poníais mascarilla?

Sí porque tú piensa que muchas veces estamos muy cerca del cliente. Si por ejemplo estábamos constipados siempre nos la poníamos. Dependía de la situación pero no tenías la obligación y era diferente. 

¿Te dio por hacer retratos también en esos más de tres meses, no?

Sí porque compré un curso por internet sobre introducción al comic en el que a raíz de la foto de una persona y sobre unas pautas, tenías que llevar su cara a a una caricatura. Entonces claro, empecé tan motivado que se lo hice a cinco personas. A día de hoy esas cinco personas menos mal que me siguen hablando (se ríe). Me vine arriba, empecé que si una cosa, que si otra, pero sí: lo intenté.

¿Instagram te ayuda?

¿En qué sentido?

En el sentido que alguien te diga he visto tus fotos en Instagram y quiero tatuarme algo así. 

Yo creo que el 80-85% del trabajo de anime que tengo ahora mismo es por Instagram, o sea que sí. Tú piensa que anime anime como tal, que se dediquen únicamente a tatuar anime, si no me equivoco, si me equivoco que me corrijan por favor, creo que no hay ningún tatuador en Bilbao que se dedique expresamente a ello. Sí hay gente que hace, que lo hace genial y yo cada vez que lo veo me gusta pero lo que es expresamente  a anime, no conozco a ninguno.

Claro, entonces todo el que se quiere tatuar de anime acude a ti. 

Eso es, entonces yo tengo que aprovechar ese boom, coger Instagram y llenarlo literalmente de anime. 

De hecho tienes más seguidores tú que la cuenta del estudio. 

Sí, a la del estudio no se le da apenas caña. 

Tú al tuyo le das mucha, ¿no?

Intento darle bastante, sí. Hasta el punto de ser enfermizo. 

¿Enfermizo por qué? 

Soy una persona que en cuanto sube la misma cosa dos veces, como que ya la tercera me da un poco de miedo, no miedo sino que igual alguien ve las historias y piensa que soy pesado. Aunque también lo que pienso a veces es bueno vale entiendo que la gente que me sigue es porque le interesa mi contenido, entonces voy a intentar que esa gente lo pueda ver siempre. Porque esto de Instagram lo mismo te metes una mañana y te tiras todo el día viéndolo que lo mismo no te metes en todo el día y llegas a la noche y tienes cincuenta mil historias delante de la mía. Entonces tengo que intentar tener esa cosa de, no sé cómo decirlo, estar constantemente subiéndolo para que la gente de la mañana lo vea, la gente del mediodía también, la gente de media tarde también y la de por la noche también, claro. 

Sí, a diferentes horas. 

Eso es, porque yo por ejemplo un día me meto veinte veces al día y otro no me meto hasta por la noche. Entonces para que todo el mundo lo vea necesito ser pesado, por decirlo de alguna manera. 

¿Y cómo has conseguido los 1718 fieles seguidores que tienes? ¿Los hashtags, la gente que te compartía o cómo crees que has llegado a conseguir ese 80-85% de clientes de anime del que hablabas gracias a Instagram? 

Pues no sé cómo decirte. Cuando empecé tatuando tenía cuatrocientos seguidores o así, creo. Era mi cuenta personal, recuerdo que mi novia tenía más seguidores que yo cuando empecé a tatuar. Pero bueno, fui subiendo, los hashtags me han ayudado muchísimo, parece que no pero el hecho de meter un hashtag que en el momento era como que estaba en auge, la gente se metía y empezaba a darle like o follow y de repente veías que era un tío de Francia, por ejemplo. 

¿Cómo sabías cuál era el hashtag que estaba en auge?

Pues por ejemplo imagínate, igual es un poco cruel lo que voy a decir, pero es que son cosas que realmente han sucedido así. Muere Kobe Bryant y la gente, que es muy lista, enseguida pone en Instagram un diseño de Kobe Bryant porque sabe que ese hashtag va a ser uno de los más buscados en ese momento.

Pues en mi caso, por ejemplo, ahora mismo hace poquito ha salido la nueva temporada de Ataque a los Titanes, es un anime que ha salido, que está muy bien pues la gente se tira, pero vamos como locos, a cualquier diseño de Ataque a los Titanes. Entonces también hay que ser un poco listo y aunque sea un diseño de Naruto o de cualquier otro anime, pongo Ataque a los Titanes en el hashtag porque al final sabes que a la gente que le guste el anime, le va a gustar también Naruto o Dragon Ball o lo que sea. 

Vamos, que al final hay mucho curro detrás de cada foto y de cada diseño. 

Sí, sí. Que no solamente es tatuar, que nosotros siempre decimos que Instagram es nuetro segundo trabajo, literal. 

Claro, claro. Aunque entiendo que te gustaría tener más seguidores de los que tienes, ¿no?

Claro, porque al final cuantos más seguidores tienes, a más gente llegas. Pero también es agobiante, ¿eh? Porque al final lo que antes era tu trabajo en persona, ahora es más bien virtual, por Instagram. Que si qué tamaño, que si pásame no sé qué, y bueno tiene un estrés un poco añadido porque no es tan fácil. 

Algo que me parece curioso que tú haces y que no sé si hará algún tatuador más es que les dices a tus seguidores que te apetece muchísimo hacer diseños concretos y que los dejas más baratos de precio. Eso hace que tus historias las vayan a querer ver siempre por si estás ofreciendo algún diseño diferente y en oferta, ¿no?

Sí, sí. Es que es lo que te digo, es lo que quiero crear también, que la gente esté pendiente de que igual subo un diseño de un anime o de un videojuego que le gusta, crear ese hype que dicen, que la gente esté atenta. Es lo que busco también, y obviamente siempre y cuando el proyecto sea de algo que realmente me gusta o que quiero que la gente vea lo voy a poner más económico precisamente por eso, porque me interesa tatuarlo y es un público que me interesa tener. 

¿Tienes algún anime tatuado tú? 

De momento no. 

¿Por qué?

Precisamente porque quiero que la persona que me lo haga sea especialista en eso. Todos los que tengo me los ha hecho Cley, a él lo que más le gusta es realismo, al final si me tatúo con él es porque me gusta la pieza y me gusta cómo trabaja, al final es él el que me ha enseñado a tatuar.

¿Y no te atreverías a tatuarte a ti?

Me da mucha pereza hacerme sufrir a mí mismo (se ríe). No sé si estoy preparado para eso. Si me tatúo algo de anime algún día, lo haré cuando la persona que quiero que me tatue venga a Bilbao. 

¿Quién es?

El brasileño Felipe Rodrigues, @rodferod en Instagram. Tengo el privilegio de que Cley es brasileño y ya han hablado de que él venga. Está pendiente. 

¿Especialista en anime también?

Hace un poco de todo, pero lo que pasa es que me gusta mucho el estilo que tiene. Me gustaría tatuarme con él ya no porque haga anime, sino porque los diseños que tiene me parecen brutales. 

¿No te gustaría abrir más públicos? En realidad tienes tu público Anime que está muy bien porque cuando tienes un público cerrado es como que sabes que a esa gente le va a gustar sí o sí lo que subas, pero quizá si abres otro público, puedas tener más abanico. 

Pues fíjate, me quedé con un consejo que me dio una chica que tatué hace un tiempo. Ella se había tatuado también con un chico de Madrid, muy famoso y especialista en anime también. Me dijo que tenía que pensar que la persona que me fuera a buscar iba a buscar que fuera especialista en algo. Yo, de treinta día que tiene el mes, quince me los paso estudiando anime, pero si de esos quince quito tiempo y me tiro siete estudiando otra cosa, son siete días que me voy a perder de estudiar anime. Entonces la persona que venga va a decir vale sí, este chaval es especialista en anime pero no tanto como este otro. No sé, yo siempre pienso que va a haber alguien que va a hacer más, entonces prefiero enfocarme en una cosa y dedicarle todas las horas a algo en concreto que repartirme porque al final no me centro en nada. Prefiero destacar en una cosa, seguir ahí, apretar ahí, que dividirme en dos y no destacar del todo en ninguna de las dos. 

¿Por qué anime?

Pues mira es curioso, yo en sexto de Primaria dibujaba Dragon Ball, de hecho mis compañeros de clase de entonces me pedían los dibujos, me decían que les gustaban y que los querían. 

Y desde que tú aprendes con Cley, te pones a tatuar, hasta que ya te centras únicamente en anime, ¿cuánto tiempo pasa? ¿Cómo es esa transición?

Pasaron unos tres años, tres años tatuando un poco de todo, tanteando un poco el terreno. A mí por ejemplo siempre me ha gustado la acuarela a la hora de tatuar, entonces probé un poco con acuarela. Busqué un poco mi sitio, a ver con qué me encontraba mejor. Probé un poquito por ahí, el tema de anime en los diseños siempre me había gustado, recuerdo una conversación con Cley hablando de que era algo que estaba muy en auge, que había que apretar, que eso funcionaba, que iba muy bien y yo como que no le hacía mucho caso. Y bueno resulta que luego vino un cliente al que le hice a Broly y a Gogeta en el brazo si no me equivoco y ahí yo creo que fue la transición, él me ayudó un poco y me di cuenta de que a la gente le gustaba y a mí también. Ahí fue cuando me di cuenta y dije bueno voy a seguir exprimiendo, voy a seguir subiendo diseños y a ver qué reacción tiene la gente. Y la gente reaccionó muy bien y yo encantado, claro. 

Entiendo que miras las estadísticas de Instagram, las fotos que han gustado más y las que menos.

Sí. Además me pongo cardíaco porque a veces me quedo muy satisfecho con un trabajo que me gusta mucho, la subo la misma noche, me levanto a la mañana siguiente y 52 likes. Muy bien, Adri. Has hecho el trabajo del año y no tienes más que 52. Y luego igual algún otro que no me gusta o me gusta menos, 180. 

Estoy viendo aquí uno que tiene más de dos mil likes, más es más que el total de tus seguidores. 

Pues en ese llegué a tantos precisamente por los hashtags, fue una locura, no me preguntes por qué. Me di cuenta por las estadísticas de que todo el mundo estaba llegando por los hashtags

O sea que realmente miras mucho las estadísticas. 

Sí, sí, claro que las miro. 

Pues tira con esos hashtags siempre, ¿no?

Claro pero es que hay veces que no funcionan. Si te fijas, desde que empecé con ese, he puesto los mismos hashtags y no han reaccionado igual, no sé por qué pero es así. 

Igual por la hora. 

Claro, puede ser. Yo lo miro todo. He hecho alguna prueba de subir igual por la tarde o por la mañana de vez en cuando pero normalmente siempre suelo subir fotos a la misma hora: nunca más tarde de las 22:00 horas, entre las 20:30 y las 22:00 más o menos. 

Y pones la marca de agua para que no te copien, entiendo. ¿Te han copiado alguna vez o qué?

De momento creo que no, de momento he tenido la suerte, bueno, "la suerte" (se ríe) de que no me hayan copiado todavía. Pero eso está a la orden del día, no soy una persona que se para a buscar y vaya a subir lo de esto es cuando lo pides por Aliexpress y esto cuando te llega, o esto es la copia o lo que sea. No porque yo soy el primero que soy consciente de que si lo subo, puede copiarse por cualquiera, si no quiero que lo copien directamente no lo subo. Más que nada es para que no me cojan la foto, el diseño pues es que ya te digo, está a la orden del día. 

Si por ejemplo entra alguien a la tienda y dice que se quiere hacer un corazón pequeño. 

Se lo hago, claro. Sin problema. Y piercings. Nosotros hacemos todos de todo. Tenemos el servicio del día a día además de las citas previas, por supuesto. 

¿Piercings también?

Sí, sí. 

¿Desde el principio?

Sí. Yo cuando entré, uno de los puntos además de la agenda o atender a la gente, yo iba a aprender a hacer piercings. Digamos que todo lo referente al estudio lo iba a llevar yo y aparte de eso iba a hacer piercings. Pero al final he terminado haciendo piercings y tatuajes (se ríe). 

Y piercings...

No, Raquel. Esa pregunta no me la hagas. 

Te iba a decir que si no había habido alguna situación incómoda con los piercings. 

Sí, muchas; muchísimas. Pero porque yo siempre he tenido mucho apuro en decir a la persona que se quite la camiseta cuando realmente se iba a hacer un tatuaje en las costillas o un piercing en el pezón. La persona ya sabe que se tiene que quitar la ropa, pero yo soy el encargado de decir el momento en el que lo tiene que hacer y es muy incómodo, me he sentido siempre muy incómodo. 

Pero no te queda otra. 

Claro. Pero ya te digo, suena raro pero ahora mismo es como si fuera un ginecólogo, estoy tan acostumbrado que es que para mí no es algo como mucha gente me dice, para mí es trabajo. 

¿No se entiende un piercing en el pezón sin quitarse el sujetador, no?

Bueno, no te creas. Hemos tenido de todo. Alguna se lo baja un poco y ya. La gente que no se quite la camiseta o el sujetador a la hora de tatuarse las costillas o el pecho, lo está haciendo mal bajo mi punto de vista. Porque el sujetador por ejemplo hace una presión sobre la zona. 

¿Y qué le dices?

Ese es el problema, sí se lo tengo que decir pero si ella misma no es capaz de hacerlo sabiendo a lo que viene, a mí me genera un poco ese no sé cómo decirlo, ese nervio. A mí me pone en un apuro. Yo no lo hago por nada más que por querer hacer bien mi trabajo.

Claro, igual piensas que va a pensar mal si se lo dices. 

Eso es, y que se han escuchado muchas cosas. Un tatuador que hubo en Donosti que presuntamente mandaba desnudarse a las mujeres únicamente para tatuarse el antebrazo. Esas cosas te ponen en una situación no sé. Hay cosas que no se pueden permitir. 

Y qué haces. 

Pues ha habido veces que he intentado decir que se lo quiten y otras que ves a la persona tan apurada que hasta te da cosa. Lo he hablado con Cley muchas veces y él me dice que no puedo seguir así porque va a llegar un punto en que la persona va a llegar a su casa, va a ver el trabajo que yo le he hecho y se va a dar cuenta de que el trabajo no está bien. Simplemente por el hecho de que yo no le he hecho quitarse el sujetador, lo primero que va a decir va a ser que no está bien, le vas a decir que no se quitó el sujetador y te va a decir que no se lo pediste. 

Entonces procuras pedirlo. 

Ahora ya cada vez me da más igual, y digo directamente que se lo quiten. Lo veo como trabajo. 

¿La más rara que recuerdes en estos más de cinco años?

¿En qué ámbito?

En cualquiera. 

Tengo muchas. Recuerdo mucho esto porque fue justo cuando empecé, el estudio estaba en otra ubicación distinta a la que está ahora y justo al lado teníamos un Tarot. Yo no tenía ni idea, llevaría como mucho mes y medio trabajando, estaba muy verde. De esto que entra una señora y me dice buenos días, vengo a leerme las manos. Y yo blanco, claro. Diciéndole que esperara un momento que lo tenía que consultar con mi jefe. Entré para adentro y le dije a Cley que estaba flipando, que había una señora que quería leerse las manos. Cley se empezó a reír muchísimo, obviamente, y me dijo que le dijera que era en el local de al lado. Se marchó la señora y yo seguía blanco. 

Otra que me pasó fue que vino un chico preguntando por el piercing Príncipe Alberto, que es el piercing genital pero que yo no tenía ni idea de que se llamara así. Viene y dice oye que vengo a preguntar por Príncipe Alberto y yo diciendo este qué dice. Le dije que si me lo podía repetir, me lo repitió y yo seguía sin entender nada hasta que se agarró esa zona y me dijo que si hacíamos el piercing ahí. Y yo ahí no sabía dónde meterme, diciéndole que me perdonara pero que no lo hacíamos. Y nada el chico se empezó a reír y yo también, claro. 

¿Por qué no lo hacéis?

Porque es una zona muy complicada, tiene muchas zonas erógenas o no sé cómo se llaman que si pinchas donde no debes se pueden quedar estériles. 

¿Momento más duro?

Piensa que yo intento crear un vínculo con la persona. Nosotros también hacemos de psicólogos, la persona que se tatúa se tatúa por un motivo concreto casi siempre. Hemos vivido situaciones muy duras. Hubo dos chicos que se me quedará grabado siempre en la retina, que se les había muerto el bebé con mes y medio y claro, ella no pudo tatuarse de lo mal que estaba y él se tatuó unas estrellas justo en el pecho donde solía apoyarse la cabeza del bebé. Fue muy duro porque no pararon de llorar durante todo el tatuaje. Normalmente siempre hay algún motivo, siempre tienen algo que contarte y buscas siempre tener una conexión. Hay muchas veces que se tatúan el retrato de alguien y con toda nuestra buena intención preguntamos que si pueden conseguir una foto mejor para el tatuaje y te dicen que no, que es que se acaba de morir hace una semana. No hay más fotos, tiene que ser esta porque se ha muerto. Es muy duro. 

Quizá sean más duros esos días que los que estas nueve horas tatuando...

Sin duda. Te deja muy tocado porque no sabes qué decir, igual te quedas callado y puedes llegar a parecer no borde pero es que no hay nada que decir, no sabes qué decir. Hay que intentar tratarlo de la mejor manera posible pero cuesta. 

¿Qué le dirías al Adrián de trece o catorce años?

Pues es que no sé qué decirte porque claro si yo le dijera algo sería como darle un consejo para que el día de mañana le fuera mejor. 

¿Cambiarías algo?

Pues quizá mucha cosas, pero es que si cambiara algo no estaría donde estoy, siempre he creído eso. 

¿Cómo te ves en cinco años? ¿Y en diez? 

Siendo streamer (se ríe). No, no. Espero que tatuando, teniendo trabajo todos los días, intentar que mi trabajo sea todavía más seguido, que me conozca más gente y poder trabajar solamente de lo que me gusta, hacer solamente piezas de mi estilo y en diez años espero que con mi propio estudio. 


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